Directorio de iglesias

Comunidad Cristiana de Tres Cantos

Oficios 26
Tres Cantos - Madrid 28760
España

Acerca de nosotros:

Nuestra visión

Somos una comunidad cristiana de Tres Cantos que

Siete valores principales de nuestra vida en comunidad:

Valoramos la adoración del único Dios--Padre, Hijo y Espíritu Santo:

Creemos que fuimos creados para glorificar a Dios y disfrutar de Él para siempre. Pretendemos cultivar la intimidad con el Padre, estimulando a cada participante a orientar su vida—pensamientos, elecciones y hábitos—hacia Él. (Gálatas 2:20). Queremos facilitar encuentros de alabanza que son positivos, participativos y que nos ayuden a reflexionar. (Hechos 2.42,47; Romanos 12:1,2; 1 Corintios 14.26)

Valoramos la fiel comunicación del mensaje transformador de Jesucristo:

Creemos en la inspiración y en la autoridad de la Biblia. Pretendemos comunicar con fidelidad su mensaje de gracia y justicia. Insistimos en un medio de misericordia y de acción de gracias para anunciar el mensaje de Cristo Jesús. Queremos enseñar la verdad de una manera creativa y clara que nos lleve a un encuentro transformador (Hechos 2.41,42).  

Valoramos la relación constante e íntima con Dios por medio de Jesucristo:

Creemos que Dios nos habla y trabaja en nuestro alrededor.  Nos ha invitado a una relación continua de amor en el cual Él desea que le hablemos también, a solas y juntos.  Pretendemos agudizar nuestro oído espiritual y discernir en cada momento su voluntad por el testimonio del Espíritu Santo. Queremos perseverar unánimes en la oración y recibir poder del Espíritu Santo para amar y para anunciar las virtudes de Cristo Jesús que nos amó y dio su vida por nosotros. (Hechos 1.14 y 2.42; Romanos 5: 1-8-, 8:15-17, 1 Pedro 2:8,9)

Valoramos la comunidad genuina que practica el compañerismo y el perdón:

Creemos que Dios nos ha llamado a vivir nuestra fe a través de relaciones cálidas y que la iglesia no es un lugar sino un pueblo, una familia cuyo vínculo es el perdón ofrecido gratuitamente por Jesucristo en la cruz. Pretendemos fomentar un amor auténtico y voluntario entre los que siguen a Cristo, por eso nos cuidamos en grupos pequeños para la edificación mutua. Queremos celebrar esta comunión unos con otros en la santa cena y comer juntos en las casas con alegría y sencillez de corazón. (Hechos 2.42,46)

Valoramos la hospitalidad y la ayuda a los necesitados:

Creemos que todo lo que tenemos viene de Dios y esto nos impulsa a compartir, a servir y a amar a otros.  Pretendemos que nuestra convivencia sea de tal calidad que nos provoque a ser generosos y solidarios. Queremos ser responsables con nuestros recursos—tiempo, bienes y talentos—sin caer en el consumismo.  (Hechos 2.44,45 y Miqueas 6.8)

Valoramos a toda persona, independientemente a su creencia:

Creemos que el deseo ardiente de Dios es reconciliarse con toda persona y rescatar a cada una de su egoísmo y error.  Pretendemos ordenar nuestra vida en comunidad hacia fuera, abriendo todas las puertas posibles a los que todavía no han experimentado la gracia y la verdad por medio de Jesucristo. Queremos alcanzar una convivencia en la cual cualquier persona se sienta incluida y pueda participar sin importar donde esté en su peregrinaje hacia Dios. (Hechos 2:38 y Juan 3:16)

Valoramos la coherencia entre fe y vida:

Creemos que nuestra prioridad es buscar una sola cosa—la presencia y primacía de Cristo en todo. Pretendemos formar a personas con integridad.  Queremos honrar a Dios en la vida diaria con coherencia entre lo que creemos y lo que hacemos. (Hechos 2:44,45 y Mateo 6:33)

 

Confesión de fe

Subscribimos a la enseñanza de los apóstoles resumida en los credos históricos de la Iglesia , el Credo Apostólico y el Credo Niceno.  Aquí está la Confesión de la Alianza Cristiana y Misionera entrelazada con el Credo Apostólico:

Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra.

Hay un único Dios, infinitamente perfecto, que existe eternamente en tres personas:  el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Mt. 3:16-17). Él es el Creador (Gn. 1:1) y Señor, soberano sobre todas las cosas visibles e invisibles (Sal. 103:19).

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Fue concebido por obra del Espíritu Santo y nació de la Virgen María. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los muertos. Al tercer día resucitó, subió a los cielos, y está sentado a la diestra del Padre. Volverá para juzgar a los vivos y a los muertos.

Jesucristo es Dios y hombre  (Jn. 1:1,14). Fue concebido por el Espíritu Santo (Lc. 1:35), nació de una virgen llamada María (Lc. 1:27), y vivió sin cometer ningún pecado (1 Jn. 3:5). Murió en la cruz, el Justo por los injustos, como un sacrificio por sustitución. Todos los que creen en Él son justificados por su sangre derramada. Resucitó de los muertos a los tres días de ser crucificado y ascendió a los cielos (Lc. 24:50). Él está ahora a la diestra de la Majestad en las alturas como nuestro gran Sumo Sacerdote. Volverá otra vez para establecer su Reino de justicia y de paz (Heb. 9:28).

La muerte de Jesucristo en la cruz es el sacrificio único y suficiente mediante el cual todo ser humano puede recibir el perdón de sus pecados.  Aquellos que se arrepienten y confían que Cristo murió en sustitución de ellos (Heb. 9:13-26) son nacidos de nuevo, del Espíritu de Dios, reciben el don de la vida eterna y se convierten en hijos de Dios (Rom. 10:9,10 y Jn. 1:12), libres de la culpa y de la muerte eterna. 

 

Creo en el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es Dios (Jn. 15:26), enviado para morar dentro de todo aquel que se arrepienta y crea en la obra salvadora de Jesucristo (Jn. 3:7-8), guiarle en toda verdad, enseñarle a seguir los pasos de Jesús y darle poder y dones espirituales (Jn 16; 1 Cor. 12:11-18). Está presente y activo en la Iglesia (Jn. 14:16-17) y el mundo, convenciendo al mundo del pecado, de justicia y de juicio (Jn. 16:7,8).  

En su conversión el ser humano es regenerado por el mismo Espíritu de Dios, quien da seguridad de la salvación al creyente (Rom. 8:16).  Es también la voluntad de Dios que cada uno que cree en Cristo sea lleno del Espíritu Santo, y así separado del pecado, completamente dedicado a la voluntad de Dios, con poder para una vida santa y de servicio en amor.  La consagración (o “sanctificación”) es tanto una experiencia puntual como una experiencia progresiva comenzada en el creyente a partir de la conversión. 

Él ha inspirado las Sagradas Escrituras, llamado comúnmente La Biblia. El Antiguo Testamento y el Nuevo (la Biblia), sin error en su manuscritos originales, fueron inspirados por Dios y son la revelación completa de su voluntad para la salvación de la humanidad, la verdadera Palabra de Dios (2 Tim. 3:16).  Por lo tanto es la única autoridad, infalible y suficiente, para la fe y la práctica cristiana (Sal. 119:11; Mt. 4:4).  Cada seguidor de Cristo, regenerado por el Espíritu Santo, es apto para estudiar e interpretar las Sagradas Escrituras para el beneficio de su vida espiritual.

Creo en la santa iglesia universal, en la comunión de los santos.

La Iglesia es el Cuerpo de Cristo y es universal: está compuesta por todos los cristianos verdaderos de todos los tiempos y en todo el mundo (1 Cor. 12:12,13). La iglesia consiste de todos aquellos que creen en el Señor Jesucristo, son redimidos por su sangre, y son nacidos de nuevo del Espíritu Santo. Cristo es la Cabeza del Cuerpo, la Iglesia, que ha sido comisionada por él para ir a todo el mundo como testimonio, a predicar el evangelio a todas las naciones.  La iglesia local es un cuerpo de creyentes en Cristo que se reúne para la adoración de Dios, para edificación a través de la Palabra de Dios, para oración, el compañerismo, la proclamación del evangelio, y la celebración de las ordenanzas del bautismo y la Santa Cena. (Efesios 1:22-23; Mateo 28:19-20; Hechos 2:41-47)

Creo en el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo, y la vida eterna.

La humanidad está alejada de Dios por causa del pecado.  El hombre, varón y hembra, fue creado a la imagen y semejanza de Dios (Gen. 1-2). Cayó en pecado por desobediencia, y así incurrió en la muerte, tanto física como espiritual (Rom. 5:1-18). Todos los seres humanos nacen con una naturaleza pecaminosa y están separados de Dios. Para re-establecer la relación con Dios, es necesario que el hombre acepte la obra expiatorio de Jesucristo (vea el 6). El destino del impenitente e incrédulo será la existencia eterna en sufrimiento consciente, apartado de Dios, y la del arrepentido y creyente el gozo de la vida eterna con Dios (1 Cor. 15; 2 Tes. 1:9; Jn. 3:36).

Se hace provisión en la obra redentora de Jesucristo para la sanidad del cuerpo y mente. La oración por los enfermos y afligidos y la unción con aceite (Stg. 5:14-16) son ministerios de la Iglesia en la época actual. 

Habrá una resurrección corporal de los justos y los injustos; para aquéllos, una resurrección de vida, y para éstos, una resurrección para juicio. (1 Corintios 15:20-23; Juan 5:28-29)   La segunda venida del Señor Jesucristo es inminente  y será personal, visible, y precederá un reino milenario de Cristo. Esta es la esperanza bendita del creyente y es una verdad vital que le impulsa a una vida santa y un servicio fiel. (Hebreos 10:37; Lucas 21:27; Tito 2:11-14)

 

Comentario sobre las diversas “etiquetas” cristianas:

Vemos a lo largo de la historia la formación y protagonismo de distintas comunidades cristianas dentro de la Iglesia universal de Cristo: ordenes, movimientos, denominaciones.   Reconocemos que muchos se han formado por cismas o aberraciones. Algunas han errado de la fe legada por los apóstoles, negando las creencias básicas del Credo.  Pero muchos han surgido por el mismo Espíritu de Dios para guardar la vitalidad del evangelio en momentos críticos de la historia.  Por tradición heredada somos protestantes pero por convicción personal somos seguidores de Cristo. Dada esta realidad, el cómo creemos es tan importante como lo que creemos.  

  1. En las creencias esenciales somos unánimes. (Efesios 4.4-6)
  2. En las creencias complementarias abrazamos la diversidad. (Rom. 14.1-6)
  3. En todas las cosas practicamos la caridad. (1 Corintios 13.1-3)

 

De tradiciones diversas, mas la misma convicción

Pastor: Jaime Fernando Carrasco Burgos

Página web: http://www.cc3cantos.es

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